fbpx

Sequentia Biotech en su lucha contra la malaria abre nuevos caminos al biofarming.

El caso del proyecto de I+D+i Artennua, desarrollado por la unión de fuerzas entre la biotecnológica catalana Sequentia Biotech y el Instituto Canario de Investigaciones Agrarias (ICIA), reúne todo el potencial para generar tratamientos naturales que impidan el avance de la malaria a nivel mundial y de otras enfermedades de alta prevalencia como diferentes tipos de cáncer, la esclerosis múltiple o la artritis reumatoide.

Se vale de las aplicaciónes del biofarming para conseguirlo, el cual consiste en el cultivo de plantas medicinales con fines farmacológicos, que en el caso de Artennua se han utilizado inicialmente para el desarrollo sostenible de antimaláricos más económicos y accesibles.

Este método también se ha aplicado para ampliar la producción natural de la gama de productos nutracéuticos, de salud animal y dermatológicos, debido a que actualmente el estado del mercado de los tratamientos antimaláricos se encuentra cubierto por las farmacéuticas y su producción semi-sintética de los principios activos que combaten la epidemia. 

Este hecho quizá se logre transformar en un futuro próximo, ya que debido al gran potencial que muestra el biofarming, que además de su capacidad productiva, fundamenta sus actividades en procesos ecológicos, sostenibles y naturales, permite expandir sus aplicaciones humanitarias en la lucha contra la malaria hacia el desarrollo de gran variedad de productos en sinergia con los ciclos naturales.

Así es como el biofarming consigue diferenciarse de los procesos asociados a los productos de la industria farmacéutica.

Descubre cómo Artennua utiliza el biofarming para combatir la malaria y cómo ha conseguido ampliar mediante su exitoso programa de I+D+i su gama de productos a través del cultivo de Artemisia annua. 

 

La malaria sigue estando presente y lo hace aún a pesar de las medidas de control adoptadas por los países donde es endémica, principalmente países en vías de desarrollo del sureste asiático y áfrica subsahariana, y a pesar también de los esfuerzos de los países desarrollados por producir nuevos antimaláricos que frenen la mortandad y el surgimiento de resistencias frente a los tratamientos actuales.

Tanto es así que en zonas de europa en los que se creía erradicada han vuelto a surgir nuevos brotes, como en Grecia donde han ido apareciendo nuevos casos desde 2009, y durante 2017 en Italia.

Las medidas de control poblacionales mediante redes y repelentes químicos de los mosquitos Anopheles, los cuales constituyen el vector de transmisión de la malaria a humanos, alcanzan niveles de eficacia del 63%, evitando así gran número de infecciones.

Sin embargo estas medidas no son suficientes para frenar el contagio y la mortandad, ya que debido a la alta prevalencia de esta enfermedad parasitária, que en 2015 afectó a más de 214 millones de personas en todo el mundo y que causó la muerte de 438.000, y el constante surgimiento de resistencias, se requiere del desarrollo de nuevos tratamientos basados en combinaciones de diferentes antimaláricos, como recomienda la Organización Mundial de la Salud (WHO), y que estén al alcance económico de cualquiera que lo necesite.

Combatir las resistencias y generar antimaláricos más económicos son las prioridades, principalmente por estos dos motivos:

Las cuatro especies del parásito de género Plasmodium, especialmente P.falciparum y P.vivax, por sus ciclos de reproducción y sus tasas de mutación acelerados generan rápidamente resistencias frente a los tratamientos basados en un único antimalárico, como ha sido el caso de la quinina, extraída de los árboles de origen peruano Cinchona calisaya y Cinchona succirubra y utilizada durante más de 40 años como tratamiento principal de la malaria.

En segundo lugar porque sus actuales procesos de producción siguen los patrones de síntesis química de la industria farmacéutica convencional, los cuales encarecen el producto impidiendo que sea asequible para sus principales consumidores potenciales: los sistemas de salud y las clases bajas de países como India, Camboya, Tailandia, Mozambique y Nigeria, sin apenas recursos económicos para paliar la epidemia.

Llegados a este punto, iniciativas humanitarias como las desarrolladas por Sequentia Biotech a través del proyecto Artennua, constituye una de las pocas iniciativas diseñadas a conciencia para dar respuesta a las principales carencias de los tratamientos, los fármacos y los métodos de producción de los antimaláricos de la actualidad.

Ésto unido a programas de detección y monitorización en tiempo real de cepas resistentes de malaria puede impedir la extensión de la epidemia a nivel global.

 

Hay una larga historia de cerca de 2.000 años tras este gran proyecto, pero centrémonos en descubrir sus puntos clave:

Su objetivo inicial consiste en incrementar la variedad y la producción del antimalárico natural más eficaz hasta la fecha conocido: la artemisinina, un sesquiterpeno lactona extraído únicamente de la planta Artemisia annua.

Esta planta de manera natural produce muy poca cantidades de mismo, siendo ésta la causa del encarecimiento de su producción farmacéutica mediante síntesis semisintética, y lo hace mayoritariamente en las protuberancias epidérmicas glandulares de sus hojas llamadas tricomas, semejantes a pelos.

La función de los tricomas es la de sintetizar, almacenar y secretar gran variedad de metabolitos secundarios, algunos de los cuales, como la artemisinina sirven para proteger a la planta de sus depredadores, debido a sus propiedades toxicológicas, y otros le sirven para defenderse de diferentes causantes de estrés abiótico como los rayos UV, el clima, la salinidad y la sequía.

En cuanto a la producción del principio activo, este alcanza su pico poco antes de la floración, un proceso que suele tener una duración de 8 meses.

De este modo, desde 2010 la WHO (Organización Mundial de la Salud) ha autorizado y recomienda como tratamiento de primera línea la combinación de diferentes tratamientos antimaláricos basados en Artemisinina (ACT) y en sus derivados químicos: artesunato y artemether, unidos a otras sustancias antimaláricas producidas de forma natural por A.annua, como: artemetin, casticin, cirsilineol, flavonoides.

Estas combinaciones reducen las posibilidades de que los parásitos plasmodium encuentren mecanismos de resistencia frente a todas ellas a un mismo tiempo, fenómeno conocido como sinergia farmacodinámica.

Respecto al potencial farmacológico de artemisinina más allá de sus propiedades antipalúdicas, “Las últimas investigaciones que han hecho varios grupos internacionales han visto que esta molécula tiene un alto potencial para tratar muchas otras enfermedades, entre las que se encuentran varios tipos de cáncer, enfermedades autoinmunológicas como esclerosis múltiple o lupus o enfermedades inflamatorias como la artritis reumatoide.” Comenta el investigador principal del proyecto Artennua, el Dr. Luis Matías Hernández, Bioquímico y además monologuista en The Big Van Theory, el club científico de la comedia.

De este modo, Artennua trabaja para permitir el acceso a los antimaláricos para todos los niveles económicos debido a que su método de producción se basa en el biofarming molecular, el cual abarata los costes de los medicamentos hasta tres veces en comparación a los modelos de producción farmacéuticos, y logra incrementar hasta 10 veces la producción del principio activo.

De hecho, el investigador Luis Matías fue capaz de triplicar la lámina foliar o “biomasa foliar” de la planta, lo que aumentaba en igual proporción el número de tricomas productores de artemisinina por hoja, produciendo un incremento de la producción de seis veces su nivel basal.

Al mismo tiempo, también fue capaz de acelerar el crecimiento de la Artemisia annua en poco más de 2 meses, en lugar de su habitual periodo de crecimiento de 8 meses, lo que significa que ha reducido el tiempo de producción en 3 veces, permitiendo con ello mayor número de cultivos al año.

Así es como demuestra el “biofarming molecular” todo su potencial para la industria farmacológica. Contemplemos la relevancia de su empleo y en qué consiste.

 

“Donde el humanismo y la Biotecnología se dan la mano.”

El biofarming consiste en el cultivo farmacológico sostenible de plantas, aunando todo el potencial de la agricultura, la cual en este caso no tiene fines alimenticios directos, si no el de la utilización de plantas como biofábricas de medicamentos.

Entre los productos que se pueden obtener mediante esta técnica se encuentran las proteínas recombinantes, vacunas o moléculas farmacológicas, y tiene la peculiaridad de poderse llevar a cabo en las propias áreas afectadas mediante la instalación de invernaderos.

Además, los procesos de producción y distribución de los fármacos pueden ser gestionados por cooperativas, farmacias y ONGs locales.

Es en este punto donde “Humanismo y Biotecnología se dan la mano”, haciendo que todo el poder de la industria farmacéutica, tan asociada a inmensas corporaciones y a ambientes asépticos de laboratorio extremadamente elitistas se traslade al corazón de la naturaleza y de las comunidades, transformándolas en autosuficientes a la hora de combatir sus dolencias.

De esta manera el biofarming constituye una manera natural, sostenible, rentable y ecológica de producción de fármacos, ya que también utiliza biofertilizantes y bioestimulantes para el correcto crecimiento y para alcanzar los niveles de producción deseados, como también comenta el Dr. Luis Matías Hernández:

“Nuestra tecnología desarrollada usa moléculas naturales, obtenidas de extractos de otras especies de plantas medicinales, y que han sido identificadas mediante diversas herramientas –omicas del área de la bioinformática. De este modo aplicando estas sustancias 100% naturales  hacemos que la importante planta Artemisia annua crezca mucho más rápido, con mayor biomasa, florezca antes y además produzca una cantidad mayor del principio activo.”

 

Quieres saber más?

TricoPharming no es solo Artennua, ya que esta línea de I+D+i pretende seguir investigando, desarrollando y comercializando nuevas moléculas medicinales de alto interés producidas en los tricomas de diferentes plantas.

 

¿Qué otros proyectos de biotecnología conoces en los que lo importante para sus promotores sean sus fines humanitarios?

Aporta tus ejemplos como un pequeño grano de arena que formará montañas en este medio de información.

Os dejamos con este vídeo de Artennua en el que se detallan la gama de productos y aplicaciones para los extractos de su variedad de Artemisia annua mejorada mediante biofarming, no os lo perdais!! Disfrutarlo!!

 

 

Image credits: chrupka, ESB Professional, Photobank gallery, Scanrail1, SvetaZi, KTS Design, oticki, Marchu Studio, Sebastian Kaulitzki, Nataliya Hora, Bluskystudio, Design_Cells, Werayuth Tes, Creations, nobeastsofierce, 3d_man, Krzysztof Slusarczyk, Marian Wey, Lamyai, lovelyday12  / shutterstock.com / Ton Rulkens, foto de Artemisia annua CC BY-SA 2.0

Referencias:

World malaria report 2015, de la WHO (World Health Organization) : http://apps.who.int/iris/bitstream/handle/10665/200018/9789241565158_eng.pdf;jsessionid=519C064DA5EE1BEFD92566647651037A?sequence=1

Giuseppe Pulice, Soraya Pelaz and Luis Matías-Hernández. Molecular Farming in Artemisia annua, a Promising Approach to Improve Anti-malarial Drug Production Front. Plant Sci., 18 March 2016 | https://doi.org/10.3389/fpls.2016.00329

Más artículos
AbbVie: El tratamiento en segunda línea con IMBRUVICA® (ibrutinib) sugiere beneficio en la Supervivencia Libre de Enfermedad (PFS) a los 3,5 años en pacientes con Linfoma de Células del Manto (MCL) en Recaída/Refractarios (R/R)