Impacto ambiental, seguridad alimentaria e incremento de productividad de los Transgénicos ¿Es verdad lo que dicen de ellos?

El desarrollo de los dispositivos móviles y el fácil acceso a la red nos ha abierto las puertas a una cantidad de información inconcebible para la mente humana. 

Por suerte, somos capaces de distinguir los portales de confianza de aquellos cuya fiabilidad es cuestionable. Pero ¿qué ocurre cuando, sin ser conscientes, somos bombardeados con una oleada de noticias falsas? Que corremos el riesgo de creérnoslas. Y ya sabemos lo difícil que resulta convencer al cerebro de que se equivoca.

Ni siquiera la ciencia se libra de los bulos, y los transgénicos son un gran ejemplo de esta desinformación.

Estamos seguros que has escuchado que los organismos modificados suponen un peligro para la salud humana y el medio ambiente, o que su uso ha provocado un aumento en el uso de pesticidas, pero ¿hasta qué punto apoyan los datos estos argumentos?

Comprovemoslo.

 

¿Para qué utilizamos los transgénicos?

Podemos definir como transgénicos a aquellos organismos a los que se les ha incorporado genes de otras especies, provenientes incluso de diferentes reinos biológicos: virus, bacterias, hongos, plantas, protozoos, animales. Por otra parte también podemos modificar el propio ADN de los organismos mediante técnicas de ingeniería genética, obteniendo organismos genéticamente modificados (GMOs, de sus siglas en inglés). Por ejemplo, se puede silenciar la expresión de genes utilizando ARN de interferencia (ARNi), complementario al ARN mensajero, de tal manera que impida su traducción o potenciar la expresión añadiendo más copias del gen de interés o del factor de transcripción encargado de transcribirlo. También se puede alterar las regiones promotoras, optimizar el código genético, introducir modificaciones epigenéticas y una larga lista de nuevas características que se pueden añadir, eliminar o retocar en los genomas.

En este artículo nos centraremos en analizar el impacto de los cultivos vegetales transgénicos más globalizados, pero cabe recordar que existen animales transgénicos como el salmón Aquadvantage, capaz de crecer el doble en la mitad de tiempo que un salmón de piscifactoría, y también microorganismos. A estos pequeños seres les debemos gran parte de nuestro desarrollo como sociedad ya que su aplicación trasciende a una amplia gama de sectores: farmacéutico, doméstico, industrial, medioambiental, biomédico, etc. Al modificar un microorganismo podemos mejorar sus propiedades, dotándolo de una mayor eficiencia, o incluso aportarle la información genética para producir una proteína o substancia que de forma convencional sería muy costoso de obtener.

El ejemplo más conocido es la insulina humana, producida actualmente en e.coli, una bacteria que habita nuestro tracto gastrointestinal. Hasta los años 80 se obtenía a partir de cerdos, por lo que al inyectarla en sangre el paciente podía desarrollar una respuesta inmune. Los microorganismos transgénicos producen productos que podemos encontrar en nuestro día a día como las enzimas presentes en detergentes enzimáticos, ampliamente extendidos en Japón, o aquellas que se suministran para acelerar la elaboración de alimentos fermentados como la cerveza, el pan, el queso. También podemos utilizarlos para obtener antibióticos.

Bioreactor: recipiente que aporta las condiciones idóneas para que un cultivo de microorganismos crezca. Fuente: Wikipedia Commons.

 

Transgénicos para combatir el hambre, enfermedades y el cambio climático.

Al contrario de lo que muchos creen, y ojala así fuese, los transgénicos no van a acabar con el hambre en el mundo. Actualmente, este problema tiene una base política, nada que ver con la eficiencia de la agronomía, suficiente a día de hoy para abastecer a todo el planeta. Pero nos permiten mejorar los cultivos, algo que llevamos haciendo desde hace miles de años, reduciendo considerablemente el tiempo y esfuerzo para conseguirlo. Por desgracia, se calcula que para 2050 diez mil millones de personas habitarán la tierra, por lo que el mundo requerirá un aumento entre el 50% y 70% en la producción de alimentos. Teniendo en cuenta que poseemos una superficie de suelo cultivable limitada y la mengua de recursos, como el agua, la aplicación de la biotecnología en los cultivos se ha convertido en una necesidad.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) 224 millones de niños menores a 5 años sufren desnutrición, el 45% de ellos no superará los 5 años. 1,15 millones de estas muertes, según UNICEF, se deben a la deficiencia de la vitamina A (VAD, de sus siglas en inglés). Además la deficiencia en la vitamina A es responsable de 500.000 casos de ceguera irreversible en infantes cada año.

Arroz dorado comparado con arroz blanco. Fuente: Wikimedia commons

Un bol de 100-150 gramos de arroz dorado, diseñado para producir ß-caroteno, un precursor de vitamina A, aporta el 60% de la cantidad recomendada de vitamina A a niños entre 6 y 8 años. La producción de este transgénico se aprobó a principios de 2018. Además sus creadores donaron la patente a la humanidad, lo que facilita su empleo en países del tercer mundo.

Otra contribución de la ciencia es el desarrollo de arroz capaz de crecer en ambientes inundados o incluso en agua salada, permitiendo aumentar la cosecha en regiones del sudeste asiático. 

Estamos a tan solo unos años de contemplar por nosotros mismos eso que hemos escuchado en documentales acerca del desastre ecológico que marcó la mitad del Carbonífero, momento en que la tierra estaba formada por un gran supercontinente llamado Pangea, hace 359 millones de años: la extinción masiva de numerosas especies incapaces de adaptarse a un cambio climático en ciernes. Con la ingeniería genética podemos mejorar especies para que se adapten al nuevo clima más rápidamente de lo que lo harían mediante métodos tradicionales como la selección artificial o la hibridación. Actualmente se están desarrollando variedades de cacao, café y plátano transgénicas para que resistan el aumento de temperaturas y la sequía prevista para los próximos años.

Un ejemplo de la aceptación de los agricultores por los cultivos resistentes a la sequía es el maíz Drougthgard, un híbrido del maíz modificado Mon87460 (con el gen cspB: que es una chaperonas que ayuda a mantener el funcionamiento de la célula en condiciones de estrés, en este caso hídrico) que ha pasado de cultivarse 50 mil hectáreas en 2013 a 1,173 millones de hectáreas exclusivamente en EEUU.

También podemos encontrar proyectos basados en la eliminación de alérgenos en alimentos como el cacahuete hipoalergénico o el trigo sin gluten, desarrollado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

 

Titanes transgénicos de la actualidad.

Sin duda grandes proyectos se están incubando en los laboratorios. No obstante, pasemos a hablar de los dos titanes de la actualidad: el maíz Mon810 y las variedades Roundup Ready, ambas desarrolladas por la multinacional Monsanto. Ambas en el foco de la polémica.

Para ponerte en situación, el maíz Mon810 incorpora el gen bt, procedente de la bacteria gram positiva Bacillus thuringiensis. El gen bt contiene la información para producir una proteína llamada Cry1, una toxina que de forma natural es producida por este microorganismo y le sirve como mecanismo de defensa. Esta toxina se activa al entrar en contacto con el pH básico de los jugos gástricos de un orden de insectos denominado Lepidoptera, conocidas vulgarmente como mariposas o polillas. Para el resto de especies la toxina es inocua, y solo actúa sobre los lepidopteros que se alimentan de estos cultivos, los cuales representan una plaga.

Efectos de la plaga del taladro en el maíz. La larva de ésta polilla ataca al tallo y debilita la mazorca. Fuente: Pixabay

Por otra parte tenemos las variedades Roundup Ready. Las plantas poseen una enzima conocida como EPSPS encargada de desarrollar una función vital en su metabolismo. El glifosato, principio activo del Roundup, inhibe esta enzima impidiendo que la planta metabolice fosfoenolpiruvato (PEP) y de esta forma bloquea la ruta bioquímica del shikimato, necesaria para producir aminoacidos aromáticos, lo que lleva a la muerte de la planta. Existen bacterias como Agrobacterium tumefaciens que poseen  una variedad de esta enzima conocida como cp4-EPSPS que debido a su estructura el glifosato es incapaz de unirse a ella e inhibirla. Al introducir el gen cp4-EPSPS en soja, algodón, maíz, etc conseguimos las variedades conocidas como Roundup Ready. 

El principal interés de estas variedades es que el Roundup no las mata, a diferencia del resto de hierbas. De este modo las malas hierbas, al ser eliminadas fácilmente con el herbicida, quedando inalterado el cultivo con el gen en cuestión, no compiten con el mismo por los nutrientes del suelo resultando en un mejor desarrollo del cultivo

 

Impacto ambiental y en la biodiversidad del máiz Mon810 y las variedades Roundup Ready.

Saltamontes en una hoja de maíz. Fuente: Pixabay

Dejando de lado el impacto que supone el mero hecho de realizar una actividad agrícola, se ha observado que ambos productos, el maíz Mon810 con el gen bt y las variedades Roundup Ready de soja, algodón, etc , reducen el número de especímenes de las especies diana, plaga del taladro y malas hierbas, ya que este es su objetivo.

Varios son los artículos que recogen el impacto en la biodiversidad de los cultivos. Estudios de campo realizados en Suiza por el instituto de Ecología y Evolución, liderado por Hönemann, demuestran que las variedades de maíz Mon810, Mon88017 y Bt11 no tienen impacto en la fauna del suelo. A la misma conclusión llegó el equipo de Zeilinger el año 2010, no encontraron diferencias significativas de biomasa en lombrices, y Paulina E. Kramarz en caracoles. El grupo de Floate KD estudió el efecto de la proteina Cry1 del maíz Mon810 en 39 especies de escarabajos de tierra concluyendo que no afectaba a la abundancia o riqueza de las especies.

En el caso de las variedades Roundup Ready, como el maíz NK603, el impacto en la biodiversidad no se debe al cultivo del transgénico, molecularmente identico a la variedad convencional a excepción de una modificación en la proteina EPSPS, sinó que viene por la aplicación del herbicida. El principio activo del Roundup es el glifosato, el cual tiene una vida media de entre 2 y 190 días en el suelo, dependiendo de las condiciones climatológicas y edáficas, siendo 7 días su vida media. Pasado este tiempo se degrada hasta convertirse en CO2, aminoácidos, formaldehido, fosfato o amonio, dependiendo de la transformación química que sufra. Su persistencia en agua es menor, alcanzando los 60 días, aunque puede acumularse en ambientes acuáticos suponiendo un bajo riesgo a determinadas larvas de anfibios causando así su migración hacia espacios en los que no persista el glifosato. En este caso la toxicidad no viene dada por el propio glifosato sino por otras substancias que contiene el Roundup. Si nos remontamos a antiguas formulaciones del Roundup podemos encontrar ingredientes como el polyoxyethyleneamine (POEA), un surfactante en desuso que era letal para los renacuajos en una concentraciones de 3 mg a.e./L , representando este el peor escenario posible que nos podríamos encontrar.

Fumigación con glifosato para eliminar malas hierbas. Fuente: Pixabay.

Hasta hace un tiempo el glifosato estaba denominado como carcinógeno del grupo 2 ”probablemente carcinógeno para el ser humano”, grupo en el cual se incluye la malaria, el consumo de la carne roja o esteroides androgénicos anabolicos como los derivados de la testosterona. Por el contrario, en el 2015 la European Food Safety Asociation (EFSA), basandose en un metaestudio  propio  que recoge 1500 estudios, concluye que es poco probable que el glifosato represente un peligro carcinogénico para los seres humanos y la evidencia no respalda la clasificación con respecto a su potencial carcinogénico de acuerdo con el Reglamento. La ausencia de la ruta del shikimato y de la enzima EPSPS explica la baja toxicidad del glifosato en mamiferos

La evaluación toxicológica del mismo dossier, elaborada por la Rapporteur Member State (RMS) ,especifica que el glifosato es rápidamente pero incompletamente absorbido tras una administración oral, siendo mayormente eliminado sin alterar a través de las heces y orina. Tampoco muestra potencial de bioacumulación debido a su pobre metabolización, amplia distribución por el cuerpo sin entrar en la circulación enterohepática  y su rápida eliminación. Se ha observado baja toxicidad aguda cuando el glifosato, en forma de ácido o sales, se administra por la vía oral, dérmica o inhalada siendo su forma ácida irritante para los ojos. Por otra parte no se atribuye irritación dérmica o potencial de sensibilización de la piel a la forma activa de la substancia. Tampoco presenta potencial genotóxico ni evidencias de carcinogénesis en ratas o ratones.

El cultivo de plantas transgénicas puede generar problemática debido a los mecanismos de reproducción de los vegetales, siendo posible la fertilización cruzada con cultivos convencionales. Por este motivo se siguen estrategias que evitan la aparición indeseada de híbridos como retardar la floración de transgénicos, consiguiendo así que cada tipo de cultivo se reproduzca en un periodo de tiempo distinto, o la siembra de refugios de cultivo convencional. En este caso se flanquea el cultivo modificado con 200 metros de cultivo convencional, el cual recogerá el polen transgénico actuando así de sumidero.

 

‘’El uso de biotecnología y de plantas modificadas, per se, no implica mayores riesgos que aquellos acarreados por métodos clásicos de cría y producción’’  señala la European Commission.

 

Estudios de seguridad alimentaria.

Tras 20 años de aplicación de cultivos transgénicos los estudios de seguridad alimentaria se cuentan por miles. Desde el pasado siglo, el profesor de toxicología y salud ambiental en la Universidad Rovira y Virgili, José L. Domingo se ha dedicado a recopilar estudios en los que se analizan los efectos del consumo de transgénicos en seres vivos. Su último trabajo Safety assessment of GM plants recopila los estudios de seguridad alimentaria y toxicología más recientes en los que se comparan dietas convencionales vs dietas de alimentos transgénicos.

Por nombrar algunos estudios podemos ver que Liu et al., 2012 compararon el peso corporal, consumo de alimentos y respuesta toxicológica en ratones alimentados con maíz BT-38, con la proteina Cry1Ac-M, vs con una dieta de maíz no modificado y no se observaron diferencias adversas ni muerte. Delaney et al., 2013 probaron que en ratones no había diferencias significativas en el peso corporal, consumo de alimentos ni  parámetros patológicos clínicos como tamaño de órganos, urianálisis, hematología y química de la sangre cuando se alimentaban con un hibrido de maiz modificado, DP-004114-3. Sin embargo, se detectó la presencia de dos casos de neoplasia del túbulo renal. Porteriormente el panel experto  Pathology Working Group (PWG) dictaminó que se habían desarrollado espontáneamente y no tenía relación con el consumo de maíz 4114. Tampoco se observaron. diferencias significativas en el sistema reproductivo masculino en ratones Wistar y Sprague Dawley (SD), según Guo et al en 2015 y Han et al. en 2016, alimentadas con Maiz BT799 y Zhen58. 

 

“No se han encontrado diferencias que impliquen un mayor riesgo de los transgénicos para la salud humana” asegura la National Academy of Sciences de Estados Unidos. 

 

En todos ellos los resultados apuntan a que los ratones utilizados en las pruebas presentan características similares, independientemente de la dieta que hayan consumido. Esto permite ofrecer seguridad acerca de que la alimentación con transgénicos no alteran ni debilitan nuestro organismo.

 

Efecto alérgeno.

Únicamente se ha observado que en ocasiones la proteína introducida actúa como alérgeno. Un ejemplo es una de las primeras sojas transgénicas desarrolladas, ésta contenía conglutinas S2 de albúminas de nuez de Brasil, lo que le permitía aumentar el contenido en aminoácidos y así mejorar el valor nutricional del producto. Por desgracia la albúmina S2 de nuez resultó ser un fuerte alérgeno humanoEn estos casos el proyecto se detiene y se buscan alternativas que no provoquen una respuesta inmunitaria. En este mismo caso el desarrollo se detuvo y no se comercializó, por lo que nadie resultó dañado.

De todos modos no hay de qué preocuparse, antes de salir al mercado las variedades transgénicas están sometidas a estrictos protocolos de bioseguridad para probar que no son perjudiciales para la salud. En europa, la EFSA es la encargada de evaluar los riesgos que conlleva el cultivo de transgénicos. En Estados Unidos es la Food and Drugs Administration (FDA).

 

”El maíz NK603 (resistente al Roundup) ha estado sujeto a una rigurosa evaluación de riesgos previa al lanzamiento al mercado” dijo la comisaria de Medio Ambiente de la UE  Margot Wallstroem, en un comunicado en Bruelas ante el permiso para comercializar productos elaborados con NK603 en europa, concluyendo con que  ”Su seguridad no se cuestiona”.

 

Opinión pública frente al método científico.

Antes de publicar un artículo las revistas científicas de alto factor de impacto realizan un procedimiento conocido como peer-review o revisión por pares, en la que se convoca a un grupo de expertos en la materia y que no tienen conflictos de intereses con la investigación o el producto a revisar, siendo su objetivo el evaluar la validez, calidad y originalidad de los artículos, a fin de detectar plagios, alteraciones o falsificaciones en los resultados.

En ocasiones ciertos artículos evaden estos filtros y se publican en revistas de prestigio. Uno de estos ejemplos sería el escándalo provocado por un artículo del Dr. Andrew Wakefield publicado a principio de siglo en el que relacionaba el uso de vacunas con el desarrollo de autismo infantil. Su equivalente en transgénicos sería el artículo Long term toxicity of a Roundup herbicide and a Roundup-tolerant genetically modified maize publicado por Giles Eric Séralini. En él, se ofrecían datos acerca de que la causa del desarrollo de tumores (en una variedad de ratones de investigación propensos de por sí a desarrollar tumores) estaba relacionada con el consumo de maíz NK603 (resistente al Roundup).

Rata Sprague Dawley utilizadas en investigación biomédica. Fuente: Flickr

Las catástrofes venden, cinco días tras la publicación la noticia se hacía eco por los medios de comunicación, denominando a los transgénicos como carcinogéno sin detenerse a leer el artículo.  Si bien era cierto que mostraba el desarrollo de tumores en ratones Sprague Dawley se usaron únicamente 10 especímenes de cada sexo por grupo de estudio, muchos menos de los requeridos en un experimento de tal magnitud. Entre sus resultados se podía observar que había más ratones que desarrollaban tumores cuando se les suministraba agua (9 ratones macho) que cuando se les daba un concentrado del 33% de Roundup (6 ratones macho). Para más INRI añadía imágenes de los tumores, poco habitual en publicaciones científicas ya que según los criterios de salud y bienestar de animales de experimentación se debe sacrificar al animal antes de que desarrolle completamente la tumoración para evitar su sufrimiento. 

Grupos de investigación independientes intentaron reproducir los resultados sin éxito alguno, y la comunidad científica mandó numerosas cartas abiertas al editor de la revista, en la que se especificaban las disonancias en los resultados y metodología empleada, pidiendo la retractación del artículo, hasta que la revista se determinó a retirarlo. A pesar del proceso de desenmascaramiento, el daño ya estaba hecho a nivel de la opinión pública: nos la habían colado. 

 

¿Cuál es el verdadero beneficio de estos cultivos?

El interés de estos cultivos no se basa en aumentar la producción, sino en reducir la perdida de producto. El maíz Mon810, y otras variedades con el mismo principio como el algodón o la soja, al producir la proteína Cry1, permite que únicamente aquellas larvas del taladro que muerdan la planta mueran. De este modo no es necesario utilizar insecticidas, los cuales afectan al conjunto de organismos y al medioambiente.

La plaga del taladro provoca la pérdida de 40 millones de toneladas de cultivo anuales, lo que se traduce en un 7% de la producción mundial de maíz.

La ingeniería genética no solo permite un aumento del 21% en la productividad del maíz respecto al cultivo convencional, sino que el uso de cultivos modificados ha reducido la cantidad de pesticidas utilizados en un 37%, lo que repercute en un descenso en los costes de pesticidas del 39%, según el el meta-analisis de impacto del 2014 desarrollado por Matin Qaim y Wilhelm Klümper, profesor y asociado de investigación, respectivamente, del departamento de Economía Alimentaria Internacional y Desarrollo Rural de la Universidad Georg-August de Goettingen.

Otras publicaciones como Environmental impacts of genetically modified (GM) crop use 1996–2015 y Global Status of Commercialized Biotech/GM Crops: 2016 apuntan a una reducción del pesticida fumigado de 618.7 millones de kg, equivalente a 8% menos de lo esperado si no se hubiese implantado los cultivos modificados genéticamente. Esta variación en los datos se puede deber a que el meta-analisis de Qaim y Klümper recoge datos de artículos independientes y otros no publicados en revistas científicas.

A menudo se habla de que las semillas transgénicas, con patente, son más caras que las convencionales, pero se obvia una parte fundamental: el ahorro en pesticidas. Si estimamos conjuntamente los gastos de mantener el campo, los agricultores obtienen un beneficio del 69% según aproximaciones calculadas en el estudio de Qaim y Klümper, variando en función de la región en la que se cultive.

Aplicación de pesticida en un cultivo convencional. Desde la introducción de los transgénicos, se ha reducido el uso de maquinaria para aplicar pesticidas, reduciendo en 6,3 billones de litros de combustible consumidos. El ahorro en emisiones de CO2 se corresponde con 12 millones de coches menos circulando cada año.  Fuente: Pixabay.

Por otra parte, el cultivo de especies Roundup Ready ha supuesto un aumento en el uso de glifosato debido a la facilidad en la aplicación de este herbicida. El ahorro que supone el uso de plantas tolerantes a herbicidas puede explicarse porque el precio de herbicidas de amplio espectro (como el glifosato) es a menudo mucho más barato que la combinación de herbicidas utilizados para combatir plagas específicas y otros herbicidas con la patente vigente. Al expirar la patente del glifosato en el año 2000 su uso se ha generalizado, una amplia gama de empresas lo ha incorporado en su stock y por lo tanto su precio se ha acomodado a las políticas de oferta y demanda. 

 

El ahorro que suponen los transgénicos.

La importancia del ahorro en pesticidas bien podría pasar inadvertida en países desarrollados, pero en países en vías de desarrollo una mínima reducción del precio del producto supone la diferencia entre comer o no.

No es una casualidad que según The International Service for the Acquisition of Agri-biotech Applications (ISAAA), una organización internacional sin ánimo de lucro cuyo objetivo es compartir los benefícios de la biotecnología aplicada a cultivos, el 33% del maíz, el 71 % de la soja y el 64 % de algodón mundial sean a día de hoy transgénicos. Los agricultores han sido capaces de ver el potencial de los cultivos modificados genéticamente y han actuado al respecto. 

 

”Entre 1996 y 2013, los cultivos transgénicos han añadido 116,9 billones de dolares estadounidenses a la agricultura global, mas de la mitad de los cuales acumulados en agricultores de países en vías de desarrollo. Si estos cultivos no hubiesen sido introducidos, el mundo hubiese necesitado otros 123 millones de hectáreas de tierra para conseguir los mismos niveles de producción.” Afirma para el Belfer Center of Science el profesor Calestous Juma del departamento de Desarrollo Internacional e investigador principal de la Innovación Agrícola en África. A fechas de 2015 los países en desarrollo acumulaban 86,1 billones de dolares de beneficio gracias al cultivo de transgénicos y los países industrializados 81,7 billones.

 

Los transgénicos han venido para quedarse.

En 2016 131 nobeles firmaron una carta abierta reconociendo a los transgénicos como un modo de alimentar a las 10 mil millones de personas que se espera habiten la tierra en 2050 y pidiendo que grupos anti-transgénicos como Greenpeace y gobiernos de todo el mundo abandonen su campaña contra los transgénicos en general y al arroz dorado en partícular. Fuente: Pixabay

Debemos despedirnos, no sin antes invitarte a reflexionar sobre lo leído y sobre todo, a seguir indagando en la inmensidad de estudios que envuelven los transgénicos. La verdad te está esperando tras el enlace adecuado.

 

Después de conocer toda esta información. ¿Qué opinas sobre los transgénicos?. Déjanos tu comentario, creémos un debate en torno al potencial de los organismos modificados.

 

Referencias:

  1. Berger, G., Graef, F., & Pfeffer, H. (2013). Glyphosate applications on arable fields considerably coincide with migrating amphibians. Scientific Reports, 3. https://doi.org/10.1038/srep02622
  2.  Brookes, G., & Barfoot, P. (2017). Environmental impacts of genetically modified (GM) crop use 1996–2015: Impacts on pesticide use and carbon emissions. GM Crops and Food, 8(2), 117–147. https://doi.org/10.1080/21645698.2017.1309490
  3. Carpenter, J. E. (2011). Impact of GM crops on biodiversity. GM Crops, 2(1), 7–23. https://doi.org/10.4161/gmcr.2.1.15086
  4. Domingo, J. L. (2016). Safety assessment of GM plants: An updated review of the scientific literature. Food and Chemical Toxicology. https://doi.org/10.1016/j.fct.2016.06.013
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  6. James, C. (2014). Brief 49 Global status of Commercialized biotech / GM Crops : 2014. International Service for Acquisition of Agri-Biotech Applications, 49(46), 11. https://doi.org/10.1017/S0014479706343797
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  8. Kramarz, P. E., De Vaufleury, A., & Carey, M. (2007). Studying the effect of exposure of the snail Helix aspersa to the purified Bt toxin, Cry1Ab. Applied Soil Ecology, 37(1–2), 169–172. https://doi.org/10.1016/j.apsoil.2007.06.006
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  20. http://supportprecisionagriculture.org/nobel-laureate-gmo-letter_rjr.html
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Aitor García Anaya

Aitor García Anaya, Graduado en Biotecnología por la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona. Inspirado por el equipo durante su estancia en el H.U. La Ribera (Alzira) descubrió su cometido en la sociedad científica. Entusiasmado con la idea de transmitir sus conocimientos a las próximas generaciones impulsó el proyecto divulgativo ''perdiendo el miedo a los transgénicos''. Contacta a través de: equipoinspira@inspirabiotech.com

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